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domingo, 14 de febrero de 2010

Elvira Lindo escribe de otra manera la palabra viejo


-armstrong.freelance-

(Elvira Lindo)
Parece que armstrong.freelance no es el único a quien le ha gustado el artículo del día 7 de febrero de Elvira Lindo en ELPAÍS. Uno ha comprobado el eco que este ha ocasionado en varios blogs. Como sabe el lector, armstrongfl lee la prensa al día y con retraso, y este artículo lo leía ayer por primera vez. Le gustaba el tono y la defensa de un lenguaje propio muy lejano de otro empleado por algunos despreciadores de la madurez o los padres. Deja aquí el enlace y un extracto.


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“Borrarme del mapa

ELVIRA LINDO 07/02/2010

El mismo día en que moría Salinger dos personas me escribieron para preguntarme si es verdad ese rumor que corre por ahí de que yo soy la autora del serial veraniego Me cago en mis viejos. No sé si es que la muerte del autor de El guardián en el centeno trajo consigo muchos coloquios del tipo "el autor del yo juvenil atormentado y sus secuelas", pero me sorprendió la coincidencia. No, no fui yo. Conociéndome como me conozco es imposible que yo fuera la autora. No por el texto en sí, que no he leído, sino por el mismo título. Ese título define un mundo hacia el que (es defecto mío) no siento desde hace ya tiempo mucho interés: los adolescentes incomprendidos. Sufrí como una pérdida que mi hijo abandonara la infancia y viví como una gran alegría que mi hijo y los de mi marido superaran la adolescencia. Por tanto, mi particular título para una secuela de esta historia hubiera sido: "Se va a cagar en tus viejos tu puta madre". Y perdonen el lenguaje, pero en las secuelas hay que ser fiel al original. La segunda razón por la que yo no he escrito esa historia es que, a pesar de que soy deslenguada y tengo amigos extremadamente ordinarios, jamás he usado esa expresión. A mi padre no le cuadró nunca ser "mi viejo" (¡ese pedazo de señor que lleva camino de no hacerse viejo en la vida!) y, salvo en la boca de conocidos del barrio que adoptaban ese habla cheli-yonqui (o en Argentina, donde es un término cariñoso), no la escuché demasiado a mi alrededor. Más bien se la he leído a aquellos escritores que tratan de imitar el habla de la calle y que a veces lo hacen artificiosamente. Tampoco mi hijo me llamó "mi vieja" durante su ya superada (¡bien!) adolescencia. Podría afrontar cualquier apelativo por su parte menos que me llamara "mi vieja". Sabe que en cuestiones de coquetería no me ando con bromas, es más, preferiría que se refiriera a mí como su tía, que me quita años. De cualquier manera, entiendo que haya gente a la que le divierta pensar que una escritora "popular" se esconda de pronto bajo un seudónimo, pero, ¿de verdad creen ustedes que si yo me tirara todo el verano padeciendo el trabajazo de escribir a diario no lo iba a proclamar a los cuatro vientos?”

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